martes, 8 de diciembre de 2009

¿Quién cree en las encuestas?
Por Mario Javier Sánchez de la Torre
Desde hace ya algunos años dentro del ámbito de la política en diversos países del mundo, las encuestas han sido utilizadas como una herramienta de trabajo de gran importancia. Ya que los “expertos” en estudios de OPINIÓN, las han utilizado como el mejor y más creíble instrumento de medición de las preferencias de las sociedades.
Así tenemos que en los Estados Unidos de Norteamérica, que se le considera como uno de los países en dónde se práctica una de las mejores democracias de la actualidad, en forma periódica diferentes actores de la vida política de esa nación, llevan a cabo este tipo de ejercicio de consulta de OPINIÓN por medio del cual están midiendo constantemente la popularidad de su Presidente en turno, entre otras cosas de interés para ellos.
Práctica que durante los últimos años ha sido copiada en nuestro país y en especial en algunas entidades federativas, teniendo como principal consecuencia el que sus habitantes tengan que cargar con los altos costos que éstos inútiles ejercicios implican.
Pero qué tanto sirven realmente las encuestas dentro del ámbito de la política. Para situarnos en forma más precisa sobre su significado citaré: “Encuesta. f. Acopio de datos referentes a estados de opinión, nivel económico o cualquier otro aspecto de la actividad humana mediante consulta o interrogatorio”1. La acepción citada de la palabra encuesta es bastante clara y precisa. A grado tal que consideramos que la mayor parte de las que se publican en este país y Estado, cumplen en casi todo con ella. Y digo en casi todo con ella, por que lamentablemente la mayor parte de las que llegamos a conocer por cualquier medio, es en la parte final en donde fallan y por consecuencia el resultado de lo buscado a través de ellas también es falso.
La parte final a que me refiero es: “mediante consulta o interrogatorio”. Y la falla está, en que la mayoría de las encuestas dadas a conocer a través de diferentes medios de comunicación, han mal interpretado este final, el cual debe estar basado en hechos reales y no en consultas o interrogatorios supuestos o en algunos casos hasta inventados. Lo anterior queda manifestado en los aberrantes resultados publicados sobre las preferencias políticas que según éstas tiene la ciudadanía veracruzana, por lo que respecta al proceso electoral que ya estamos viviendo. Así pues tenemos que recibir en nuestros correos una serie de este tipo de trabajos, de una serie de empresas totalmente desconocidas, (seguramente no existen), que proporcionan una serie de datos o informaciones, que dicho de una forma más precisa son deformaciones, sobre un proceso electoral que debe ser muy serio para todos sus participantes, por la importancia que implica. Pero que por desgracia con esta estrategia equivocada de encuestitis barata, lo único que están logrando sus autores es que se pierda la credibilidad en ellas y también en los personajes que están contendiento.

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